lunes, 4 de octubre de 2010

Dissabte i fer neteja

No sempre fem neteja el dissabte, la setmana de vegades ens deixa baldats i els dissabtes el que fem es dormir una mica més. Peró amb freqüencia es el dia que deixem per a les coses que durant la setmana s’acumulen. Per tant, la son, rentar roba, mirar mails endarrerits, anar a comprar roba o menjar o llibres… no es extrany que ho fem un dissabte.

El dissabte es indispensable per a la vida. Qué fariem sense el dissabte?.
Ei! Potser alguns están pensant! Peró si dissabte jo treballo! D’acord, llavors, possiblement diumenge, o dilluns… peró tots necessitem un dia per a fer “neteja”
Neteja de tot alló que no ens fa nosa o que acumulem innecessariament. No només bruticia de la casa, també netejar les emocions, els cansaments. Sííí!! Tenir un dia per a poder caminar tranquils i posar en ordre el cos, escoltar el cor, repasar com va la vida dels amics. Amb els amics també fem neteja.

Amb els amics fem neteja quan els truquem i els escoltem, ells necessitem algú qui els acompanyi i aquests som nosaltres, al igual que de vegades ells ens escolten. Fem neteja amb els amics quan ens posem al dia, quan els demanem algun favor o els regalem algun present. De vegades els amics són els pares o alguna persona gran que espera amb molt de gust la nostra visita.

De qué hem de fer neteja?, qué estem acumulant?, quines coses fan nosa?, he escoltat el meu cos, la meva agenda, el meu son?. De vegades acumulem insatisfaccions, desitjos… acumulem intuicions!, peró les escoltem?

Sí! Quina marevella que existeixi el dissabte! El día que ens ajuda a posar ordre, harmonia, descans a la nostra vida, ens ajuda a que la vida sigui ben nostra, ben apamada. Així, el diumenge, podem descansar!!!

lunes, 20 de septiembre de 2010

Resignificación del perdón, una porciúncula para Chile

En el año 1922 el sacerdote chileno de la orden franciscana Angélico Aranda solicitó al arquitecto catalán Antonio Gaudí, a través de una carta, un diseño para construir una capilla o santuario dedicado a Nuestra Señora de los Ángeles en la ciudad de Rancagua. Esta petición, cargada de sentido religioso, debería ser una Porciúncula tal como la que 800 años atrás fundara el “perdón de Asís” con el que Francisco promovió una nueva manera de entender la vida que incluía el concepto positivo de pobreza. Antonio Gaudí respondió afirmativamente a la solicitud argumentando que sirviera “para la confraternidad espiritual entre España y América”
Esta petición que no pudo concretarse en vida de Aranda quedó registrada en archivos de la diócesis de Barcelona, en España, y siete décadas después fueron desenterrados gracias a la insistencia Joan Bassegoda, quien fuera director de la Cátedra Gaudí de la Universidad Politécnica de Barcelona. En 1977, para concretar el proyecto, se constituyó en Chile, con sede en Rancagua, la Corporación Gaudí de Triana, con tres objetivos: construir la Capilla de Nuestra Señora de los Ángeles; construir una Casa de Soledad y Silencio -aledaña a la capilla y para resguardar el sentido mismo de esta construcción- y dar a conocer en Chile la personalidad y la obra de Antonio Gaudí.
Con el correr de los años, el proyecto ha mostrado de manera paulatina un sorprendente sentido humano y trascendente. Fue reconocido como Proyecto Bicentenario, no solamente por su importancia arquitectónica sino patrimonial y consiguió recursos para poder avanzar en el diseño arquitectónico imprescindible para la construcción.
El Proyecto Gaudí, como ha sido denominado por el Ministerio de Obras Públicas de Chile es mucho más que arquitectura, más de 80 años de espera y hundir sus raíces en el propio sentido fundacional de Asís, le otorgan en el momento actual nacional, continental y mundial, un significado insospechado.
La VI Región, rica en tradición chilena, cuyas tierras son ricas en mineral y agricultura, es también el lugar desde donde Chile puede refundar, en este Bicentenario su propio sentido. En la intersección misma del final del Camino del Inca y del Camino Real en el actual Parque Catalunya, elevará eje hacia el cielo el Proyecto Gaudí.
El sentido de la vida, la comprensión del límite y la fragilidad, la conexión del ser humano con lo más profundo del ser, tienen un valor que no puede ser substituido por ningún bien material. Esta construcción requiere del espíritu más propiamente chileno, el que en este momento de catástrofe, como en tantas ocasiones, nos recuerda que la vida tiene sentido en sí misma.
La Capilla de Nuestra Señora de los Ángeles es un tributo a la Virgen, una imagen que se entierra primero para elevare al cielo, con sentido de superación y con la protección del manto de María. Tiene la belleza de la arquitectura de Gaudí, única en el mundo, y esta sería la única fuera del territorio español, en Chile, al sur del sur, allende los mares, en el marco cordillerano, presente andino que nos hermana con todo el continente.
Polo de atracción para turistas y personas de paso, pero un lugar de presencia en si mismo. El Centro Gaudí, proyecta espacios de permanencia, de reflexión y encuentro, conscientes que el ser humano está en constante construcción y precisa los tiempos y los espacios necesarios para reanudar su vocación.
Un espacio para vivir la confraternidad y el encuentro, asequible, cercano a la ciudad, dependiente del cuidado y protección de sus habitantes, vulnerable a sus propias condiciones. El espacio de este proyecto se define urbano y necesita ser ciudadano, pero a su vez asume el riesgo de contribuir a una ciudadanía fraterna.
Con identidad chilena y americana, justo en la intersección de caminos que nos recuerdan el mestizaje, la herencia, la historia que hay que conocer para crecer, el dolor que nos fortalece, el camino con otros. El sentido de perdón, de límite, la capacidad de volver a
Este proyecto tiene unas características que lo inscriben fuera de los marcos tradicionales. Es un proyecto que tiene, en sí un espíritu tremendamente fuerte, no voluntarista, sino trascendente. Procede de la necesidad hacer presente la pobreza, la simplicidad y la felicidad del ser humano y refunda con ello el sentido de la vida.
Invita a formar comunidad, signo de ello y convocatoria para ello la creación de un espacio cercano a la capilla para vivir la experiencia contemplativa con otros, en la Casa de Soledad y Silencio.


¿Qué significa hoy una PORCIÚNCULA?
Hoy día, la humanidad está en búsqueda de sentido. La porciúncula significa precisamente “otra oportunidad”, es el sentido del perdón sin condiciones. Por ello este proyecto es un “polo de atracción” para todas las personas que necesitan sosiego, experiencia de sentido.
Pero además, en este caso, el este sentido está muy vinculado a la fraternidad entre España y Chile, fraternidad que, más allá de un posible sentido romántico, significa también construcción de una humanidad que es capaz de consolidad lo mejor de todos, desde la diversidad, sin prepotencias, sino desde el encuentro. Este proyecto está llamado a mostrar la fraternidad y ahondar en las riquezas que cada cultura aporta a una sociedad mejor, en evolución.

Soledad y Silencio
Dos palabras que atemorizan al ser humano lleno de cosas y de palabras, de ruidos internos y externos. Para llegar a lo más íntimo y construir el sentido hay que parar. Este proyecto está circunscrito en medio de la ciudad, en medio del ruido, pero también frente la majestuosidad de la cordillera. Se erige para contemplar y ser contemplado, desafiando las necesidades del mundo y en un cruce de caminos. Por ello es también polo de atracción, debe incrementar la acogida al viajero, el cuido del espíritu, de las heridas y de la riqueza que trae el caminante. Es un lugar para la reflexión y el descanso, de pausa para retomar fuerzas y regresar rebosante al mundo, pero lleno ahora de paz. El retiro nunca es desconexión, sino aterrizaje para mayor conciencia y realismo. El aire, la luz, el agua, la tierra… el entorno natural hace presente la vida.

Proyecto integral
Este proyecto tiene como punta de lanza una “capilla”, un lugar de culto aparentemente. Pero no cualquier capilla, sino que tiene el sello de Gaudí, sello que a la vez, la corona. Las grandes obras pueden hacerse en cualquier parte del mundo porque su lenguaje es universal. Este edículo, o porción de otra más grande obra, tiene los elementos suficientes para mostrar todo el genio arquitectónico y la cosmovisión de Gaudí.
Las cosmovisiones son el conjunto de opiniones y creencias que conforman la imagen o concepto general del mundo que tiene una persona, época o cultura, desde donde se interpreta a él y a todo lo existente. Una cosmovisión define nociones comunes que se aplican a todos los campos de la vida, desde la política, la economía o la ciencia hasta la religión, la moral o la filosofía. La cosmovisión de Gaudí es profética y contiene referentes oportunos para el presente.

La “Casa de soledad y silencio” es el espacio en el que cualquier persona, sea cual sea su sentido de trascendente, pueda realizar la experiencia de la sedimentación y síntesis. La experiencia de interiorización y de trascendente. La belleza expresada en la naturaleza y en las obras de arte o la música ayudan a ahondar en el propio sentido.

Un “Centro Cultural”que facilite el diálogo con otros. Para mostrar las propias obras, para encontrarse con los trabajos o experiencias de otros, para dialogar.

El proyecto abraza las tres dimensiones que vivió Gaudí: belleza (capilla), interiorización (casa de silencio) y diálogo (centro cultural). En su discreción el parque Catalunya nos aporta los elementos que ayudan al ser humano a recorrer el camino interior en busca de respuestas que le acerquen a vivir en armonía consigo mismo, con su entorno y con Dios.

La irracionalitat de la violencia a la irracionalitat del perdó

Per què ho has fet?, preguntava la mare mentre la nena es mirava el full tot arrugat al terra. La petita acabava d’agafar el paper amb les dues mans i l’havia apretat amb força. Es tractava de l’exercici que havia d’entregar l’endemà a l’escola i que havia quedat desahuciat. Mare i filla es miraven ara en un llarg silenci després del qual la mare va proposar enraonar del tema. Finalment, juntes van començar de nou amb la feina, que aquest cop va quedar llesta en un moment.
En-raonar, va ser part de la sol.lució del problema.
Molts cops fem o deixem de fer coses sense saber massa els motius. No sempre els podem raonar, ni tampoc enraonar, de vegades les emocions estàn al capdavant dels fets. Emocions que ens acompanyen sempre, les raonem o no. La tristor o l’alegria no es raonen. Tan mateix ens passa de vegades que al cap del dia estem esgotats i no sabem perquè: “no entenc com puc estar tant cansada!, no he fet tàntes coses per sentir-me així” pensem; o de vegades, després d’un dia de molta feina i exercici ens sentim relaxats i plens. No sempre és correlatiu entendre els motius de les coses que ens passen, les reaccions corporals, ni les seves dinàmiques més pròpies.
El pensament llògic cau en el parany de que hem d’entendre i controlar tot, parany que molts cops no funciona, especialment quan les emocions estàn en joc. La cultura, allò que ens diferencia d’altres éssers vius, te a l’arrel denominar. “Posar nom”, ens fa humans, ara bé, quan posem nom, dominem, i ¿com s’aprèn a dominar amb saviesa?
Les paraules, els mots, entedre les coses, formen part del control. Ens ajuden a “mediar”, a donar-nos a entendre, a fer ponts entre nosaltres, conèixer-nos…, en fi, són de gran utilitat, però no ho són tot. Ni nosaltres mateixos ens entenem del tot i es perque de vegades no hi ha massa que entendre, s’ha de viure!!
“De la irracionalitat de la violencia a la irracionalitat de la reconciliació”, és una de les frases pregones de la “Fundación para la reconciliación” de Colòmbia, un grup de persones que treballen sanant ferides emocionals. Certament, la cultura de la pau demana certa irracionalitat, o millor dit alfabetitzar-nos emocionalment. Davant les emocions no opera la llògica del “per què” opera la llògica de “com ho canalitzem”, “què podem aprendre’n”. El judici i el pre-judici buscan “per quès”; la concòrdia i la convivencia no s’aturen analitzant, busquen sortir endavant sumant les diversitats.
Per a aquella mare que va descobrir una reacció temperamental de la petita filla, no va ser tan important arribar al fons dels perquè, sino aprendre juntes a enfrontar la situació.
Es un repte dels presents construir convivencia. La cultura de la diversitat, de la inclusió, de la pau, de la celebració, de la solidaritat es una feina de cada dia que requereix formes noves i creatives de conèixer.

Ídols socials, replantejar l’amistat

A una recent entrevista feta a la periodista xilena Elizabeth Subercaseaux a propòsit del seu llibre “Vendo casa en el barrio alto” ella asegurava que la divisió de classes produeix ressentiments, i basada aquesta afirmació en la seva pròpia experiència afegia que el seu país es un dels més classistes d’Amèrica Llatina. A Xile, com a molts paísos que han estat colònia, durant generacions el poder s’ha cautelat a les clases socials més privilegiades. Avui però aquest país, immers a la globalitat, ha d’anar renovant la manera d’enfrontar les relacions.

Ni Xile ni cap país del món pot aillar-se del planeta. Una prova d’això ha estat la darrera crisi econòmica que tot i que ha canviat el món, encara no sabem amb certesa amb quina profunditat. Els especialistes es contradiuen una mica en les prediccions i potser tingui tàntes variables i condicionants que potser no es pugui, fer massa prediccions. Per exemple, si bé la crisi pot ocasionar inestabilitat i malestar, també -com tota crisi- serà una oportunitat de remirar la vida i el seu propi sentit.

Fa anys, ens peocupava molt quedar-nos sense feina, avui, no tant, canviar de feina és freqüent i també ho és canviar d’especialitat, ens perfeccionem, busquem noves possibilitats, aprenem tècniques, experimentem… estem més oberts als canvis. Abans, tenir un cert estatus social era molt important, les classes socials éren clares i definides avui, ni es tant important ni tampoc són tan definides i això, sorprenentment allibera a les persones i dóna salud a les relacions. Tot i que l’estatus social no necessàriament va acompanyat de la situació econòmica, moltes vegades es donava per suposada una relació directa que d’alguna manera condicionava a la persona per a tota la vida, per tant, relacionar-se obertament, aparellar-se, projectar-se, tenir accés a certes oportunitats eren temes complexes. Éren societats molt més tancades, estables i permanents. Avui no és així. Els canvis i les oportunitats són pa de cada dia. Emprenedors exitosos, creatius ben cotitzats, investigadors amb nas que esdevénen veritables gurús, poden tenir reconeixement i status avui i demà passen de moda o un altre els guanya el lloc.

Darrera de la posició social, de l’estatus hi ha un ídol que passa per damunt de la persona. Quan la posició social, l’ànsia de tenir-la, la valoració de la persona… passen per la posició que ocupa socialment, fem ídols que minusvaloren a la persona i a més a més deixem de relacionar-nos amb ella i ens relacionem amb el que ens interessa d’ella, la utilitzem.

És interessant mirar-se la crisi, amb els neguits que comporta i amb les pèrdues que ha significat també, com una oportunitat. Una de les alegries que pot comportar aquest nou ordre, aquesta crisi, potser sigui despullar-nos de les estabilitats socials i obrir-nos a conèixer als altres com amics, no com a convenients o socis.

Alicia i els miners de Xile

Lewis Carroll va escriure el llibre de les aventures d’Alicia al 1865 i va ser un éxit que, a més a més, ha estat un aport important a la semiótica. Tot i que la história és lúdica i que sembla per a nens, necessita interpretació. A la trama de “Les aventures d’Alicia” hi ha la pregunta per qui sóc jo i qué faig al món. La noia cau en un pou, s’enterra i després d’un llarg i sinuós viatge surt del cau havent enfortit el seu sentit: descobreix qui és. El conte d’Alicia ha tornat al cinema deprés de molts anys amb la película en tres dimensions dirigida per Tim Burton; al 1951 van ser els dibuixos clássics de Walt Disney.

La identitat, entendre el propi sentit , esdevé la clau i l’eina per a no “perdre” la vida i per tant respondre a la vocació fecondament.

“Estem vius els 33 al refugi”, es el missatge que escrit per un dels miners soterrats a una mina del nord de Xile, ha estat una de les millors noticies que hem rebut en els darrers temps. El text venia, com sabem, enganxat al tub que va aconseguir arribar on ells éren a 700 mts de profunditat, feia 17 dies. Aquella tarda milers de persones sortien al carrer, qual victoria nacional, a celebrar la vida, potser de la ressurrecció?. Una celebració providencial, molt providencial, perque aquest és un any molt simbòlic per a aquesta terra austral.

Fa varios anys, Xile va començar a preparar el seu bicentenari per a aquest setembre. Pàgines web, iniciatives culturals, polítiques, religioses … dirigides a la conmemoració. Però ha estat la terra, l’imponderable de la vida, el que ha marcat i reforçat el sentit autèntic de l’aniversari. El terratrèmol devastador del febrer que va moure més de 500 quilòmetres de país com si fos un trampolí i aquest accident dels miners que esdevé miracle, unitat, pregària nacional, i posibilita que tot el país i bona part del món, escoltem el clam de 33 homes atrapats. Què ens han de dir tan important que la terra, sempre gelosa d’ells (*) se’ls empassa com a Jonás?

(*)Diuen que la terra es gelosa dels homes miners

Iniciar el camino del desapego

Las emociones no son buenas ni malas, pueden ser agradables o desagradables, pero son neutras en sí. No obstante ello, sentir rabia, por ejemplo, y canalizarla adecuadamente requiere temple, madurez y quizá haberse trabajado mucho interiormente. Lo mismo con el miedo, la tristeza, la alegría, la sorpresa o la aversión, todas ellas emociones connaturales al ser humano. No le podemos exigir a nadie que no sienta alegría si la siente, pero otra cosa es convertir esa alegría, llenarla de sentido y que penetre en nuestra conducta de manera sana.

Durante mucho tiempo el mundo occidental se alejó de las emociones y aprendió a negarlas como si fueran demostración de poca racionalidad. Hoy cada vez queremos aprender más de ellas. Sabemos que es sano llorar si uno siente que lo necesita y que tan problemático es no hacerlo como hacerlo en exceso. El miedo es preventivo, nos alerta de peligros y es una manera de protegernos, pero también es una seguridad.

“No te presto el auto porque tengo miedo a que te pase algo” le dice una madre a su hijo adolescente y así ella vive “segura”, hasta el día que el joven decide, por su propio bien manejar, sin pedir tantos permisos. La “seguridad” que nos aquieta son miedos que nos anulan. Detrás de muchas emociones sobredimensionadas hay miedos que nos hacen pequeños y torpes, es difícil verlos porque uno está detrás de ellos como en una gran fortaleza. Soltar la ira y dejar pasar el enojo es una manera de renunciar al poder; acercarse a aquel que me repugna es una manera de hacerme vulnerable; serenarme ante una alegría loca es una manera de empezar a gozar de manera permanente; dejar de sollozar nos permite ver el bosque como dice el adagio. En todos los casos se trata de dar un salto, desapegarse, ir un poco más allá de mis seguridades: estoy segura que estoy triste y tengo derecho a ser consolada, pero el camino al desapego es el que tengo que recorrer hasta vencer el duelo.

El desapego es la renuncia a tener la razón de mis miedos, expande el alma y la hace flexible y es un camino que nunca termina porque naturalmente, el ser humano busca la seguridad cuya llave es el miedo.

Después de veinte años

Me encontré con un compañero del alma después de veinte años. De manera casi anecdótica apareció en facebook. Nos habíamos dejado de saber cuando él y yo emprendimos caminos dis-pares, cada uno el suyo, ya no juntos. Con todo respeto, habíamos puesto silencio de por medio y crecimos como personas, con proyectos y compañeros de viaje acordes a las opciones. Después de veinte años, aparecidos de nuevo, con alegría inmensa, transitamos por calles y pasajes conocidos de ambas vidas, re-cordamos mucho y nos contamos, en la primera cita. En la segunda, simbólicamente, llegamos al “bosque”, a la espesura de lo no conocido, del día después de hace veinte años, llegamos al miedo, dolor en las entrañas y soledad.
Miedo, dolor en las entrañas y soledad no del presente que nos abrigaba feliz, sino de lo desconocido del otro, de lo que “nos perdimos”. Miedo, dolor en las entrañas y soledad de lo que veíamos en el silencio de un parpadeo, en la espesura de la vida que no habíamos compartido con nadie porque era mutuo y recíproco y de nadie más, y ahora se abría, muy sincero, acaso demasiado. Verdades que comprometen la vida misma.
En el “decíamos ayer”, se nos enturbió el: “a mí no me engañas”… y nos mostró cuan desconocidos éramos, no solamente uno frente al otro, también cada uno en el otro y cada uno de sí mismo. Este “encuentro con el pasado” devenía ahora el desafío de ahondar más en la vida, con un espejo veraz al frente. Enfrentábamos la oportunidad de incorporar al joven que fuimos a nuestros mundos de adulto. Ello significaba reabrir ciclos, volver a jugar partidas con otras destrezas. Incorporar, no deshacer, ¿o sí?. Se abrían grietas, inseguridades, incomodidades: ¿qué hubiera pasado…?
El miedo, dolor en las entrañas y soledad no había existido hasta llegar a ese lugar inhóspito de la franqueza y ahora amenazaba la estabilidad del presente. Habíamos estado veinte años sin vernos, ni sabernos y ahora, este encuentro era exigente. Dejaba al descubierto una conversación profunda y pendiente con las propias lealtades. Gratuitamente, de la mano de las vueltas de la vida, se aparecía la oportunidad de dejar todo igual o avanzar, crecer más y ahondar en el amor sincero. ¿Le daba yo un sí a por todas?, ¿me lo daría él a mi?, ¿qué comprometía ello?
Revisarse después de veinte años es una afrenta compleja, siempre sana, pero puede ser dura. Emergen situaciones que antes no existían, como las arrugas; o que en la evolución de la vida se han generado y tienen vida propia: proyectos, familia, duelos… No aprovechar la oportunidad es vivir en el miedo a la libertad, aprovecharla es no tener miedo a la exigencia y sí tenerle a la mediocridad.