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jueves, 20 de octubre de 2011

Fósforos o tinas de agua caliente?

El ser humano necesita del amor tanto como respirar. No podemos vivir sin él, pero necesitarlo no asegura que sepamos amar. El amor no se puede imponer, ni obligar, es libre, sino no es amor, es cualquier otra cosa, por eso es que la tarea de aprender a amar incluye saber recibir lo que llega y no esperar nada. A veces, la necesidad nos hace cometer errores, podemos incluso dañar a otras personas por nuestras propias carencias. Pero la mejor escuela para amar es la vida misma. En la búsqueda de calor podemos a veces quemarnos en un fogonazo. Un instante de pasión, puede darse dentro de un contexto de personas que se aman, pero en sí mismo, puede ser efímero, sería como cuando se prende un fósforo, que genera una explosión y se libera mucho calor de una vez, pero rápidamente se apaga y se consume, no dura más que unos segundos. El amor auténtico se parece más a una tina de agua caliente, donde podemos sumergirnos en ella largamente y su calor nos abriga el cuerpo de manera completa, si se enfría añadimos un poco más de agua y la mantenemos. El mundo necesita experiencias de amor parecidas a la tina de agua, lugares donde permanecer y crecer, vivir procesos en los que vamos entre todos añadiendo calor para mantener y crece, sin exigir, medir, poner trabas, comparar y aprendiendo a equilibrar los fogonazos. Ojalá sean lugares donde podamos compartir con muchos y los más jóvenes aprendan viendo a los adultos, que es cierto y es posible amarse con los ojos abiertos y acogiéndonos tal como somos.