sábado, 12 de marzo de 2016

La corrupción de siempre

Está de moda descubrir corrupciones. Si buscamos noticias del país donde vivimos, las encontraremos seguro y si vemos la prensa de otros paises, en general, también. Corrupción por todas partes. También en Chile la corrupción es el gran escándalo: por ejemplo, el caso PENTA que descubrió el financiamiento de campañas politicas de todas las tendencias con delito tributario; el caso MOP-GATE que pagó millonarios sobresueldos para obras publicas, con dineros, por supuesto, del gobierno; el caso Caval, que involucra a la nuera de la presidenta Bachelet con tráfico de influencias por adquirir propiedades; el abuso dentro de la Iglesia; y la colusión de los supermercados!!!, empresas que son de la competencia se ponen de acuerdo en los precios para estafar a los consumidores (nunca clientes, siempre consumidores) y lo han hecho con el precio del pollo, del papel higiénico, por ejemplo; lo mismo han hecho las cadenas de farmacias, también coludidas. Por cierto, igual que a los supermercados, a las cadenas de farmacias les han dado unas multas irrisorias y NO han bajado los precios.

Nadie puede estar contento de que haya corrupción, como no nos puede gustar, ni podemos permitir que haya ningún tipo de abuso, pero cabe una reflexión. La persona corrupta, abusa de su acceso a información, influencia, posición… o algún tipo de poder. Es justo y necesario destapar los abusos, pero también lo es hacer por lo menos dos cosas: una prevenir los abusos y dos tomar conciencia de que el escándalo no es la solución, sino que lo es la educación y un mayor grado de conciencia.

Muchas veces el abuso se realiza por una cierta desproporción del acceso a la información, la influencia, los recursos, quiere decir que la o las personas, tienen una posición desequilibrada del poder, este poder, muchas veces lo hemos otorgado, lo hemos permitido. Durante la era medieval y todavía posteriormente, por herencia de los absolutismos y de la ignorancia, del miedo, la gente no se cuestionaba el abuso, no había conciencia, ¡podía parecer normal!. Con el acceso a la democracia, los grupos humanos aprendemos a detectar el abuso, pero el grado de conciencia es progresivo y también la manera de resolverlo. Lo vemos a pequeña escala en las familias y también en las escuelas, los adultos ahora no mandan, sino que muestran, invitan, coordinan, dan testimonio…

Con todo tenemos que aprender mucho todavía respecto de resolver los conflictos:

direccionar, enfrentar y  dialogar, perdonar y orientar, distribuir el poder. La democracia que vivimos es perfectible.

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