martes, 28 de junio de 2011

Eficiencia y fecundidad, la fecundidad de la solidaridad

Hace un año y medio en Chile hubo uno de los terremotos y tsunami más grandes des de que se había tenido registro en la Historia. Muy poco antes se había visto sufrimiento similar en Haití y posteriormente hemos visto como la tierra no para de convulsionar, especialmente recordamos el movimiento telúrico de Japón con repercusiones fatales per a tantas personas. De cada uno de estos movimientos hemos aprendido muchísimo, en el caso de Haití sirvió para fijar la atención en un país que tiene profunda necesidad de ayuda, no sólo por el terremoto sino por una debilísima estructura desde el angulo que se mire, y quizá en el otro extremo, precisamente Japón, un país tremendamente organizado que enfrenta una catástrofe magna informando a la población, tomando todas las precauciones y colocando todos  los recursos a disposición. En cualquier caso, siempre, gracias a las actuales posibilidades que nos ofrecen las redes mediáticas, la humanidad entera ha seguido desde el primer momento los hechos.
¿Qué pasa con la tierra? dicen algunos, ¿está enfadada?, ¿tenemos responsabilidad las personas?, otros aseguran que la acción humana nunca puede ser tan poderosa como para colapsar el planeta. Lo cierto es que no tenemos certeza, pero tampoco estamos reaccionando con la fecundidad necesaria. Hemos visto que somos capaces de ser eficientes ante las emergencias, llegar rápido, parar reactores nucleares aunque cueste, enviar ayuda… pero esta destreza no siempre nos acompaña a ir más a fondo y reflexionar, parar y leer nuestra minusculidad. ¿Somos demasiado pequeños para entender la fecundidad?, ¿o no se nos nota?, ¿es posible que no se note, porque son muchas las personas que todos los días intentan hacernos reflexionar, realizan esfuerzos titánicos para vivir integralmente, pero no es suficiente y no estamos contentos. La fecundidad nos pide diálogo real, que significa escuchar antes que reaccionar, y posiblemente cambios para una sociedad donde los más viejos tengan la posibilidad de llevar una vida tan digna como cuando eran productivos, donde los más jóvenes puedan ganarse la vida y proyectarse. La fecundidad del diálogo puede abrirnos los ojos a que las fuerzas telúricas más punzantes son las que generamos entre nosotros mismos los humanos. 

Eficiència i fecunditat, fecunditat de la solidaritat

Fa un any i mig que a Xile va haver-hi un dels terratrémols i tsunami més grans dels que s’havia tingut registre a la história, feia molt poc haviem vist patir el semblant a Haití i en aquest temps hem vist com la terra no para de convulsionar, especialment recordem el moiment telúric de Japó amb repercussions fatals per a tantes persones. De cada un d’aquests moiments hem aprés moltíssim, en el cas d’Haití ha servit per a fixar l’atenció en un país que te necessitat de profunda ajuda, no només pel terratrémol sino per una feblíssima estructura des de l’angle que es miri, i potser a l’altre extrem, precissament Japó, un país tremendament organitzat que fa front a una catástrofe magna informant a la població, prenent  totes les mides i posant tots els recursos a disposició. En qualsevol cas, sempre, grácies a les actuals possibilitats que ens ofereixen les xarxes mediàtiques, la humanitat sencera ha seguit des del primer moment els fets. Qué passa amb la terra? diuen alguns, está enfadada?, en tenim responsabilitat les persones?, altres asseguren que l’acció humana mai pot ser tan poderosa com per a colapsar el planeta. El cert és que no en tenim certesa, peró tampoc estem reaccionant amb la fecunditat que cal. Hem vist que som capacos de ser eficients davant les emergéncies, d’arribar rápid, de parar reactors nuclears tot i que costi, d’enviar salvatatge… peró aquesta destressa no sempre ens acompanya a anar més a fons i reflexionar, parar i llegir la nostra minusculitat. Som massa petits per a entendre la feconditat?, o no se’ns nota? es posible que no es noti perque són moltes les persones que tots els dies intenten fer-nos reflexionar, que fan esforcos titànics per a viure integralment, peró no és suficient i no estem contents. La fecunditat ens demana dialeg real, que significa escoltar abans que res, i possiblement canvis per a una societat on els més vells tinguin la possibilitat de fer una vida tan digna com quan éren productius, on els més joves puguin guanyar-se la vida i projectar-se. La fecunditat del diàleg ens pot obrir els ulls a que les forces telúriques més punyents són les que generem entre nosaltres mateixos els humans. 

martes, 17 de mayo de 2011

El erizo

El erizo es un animalito que tiene puas, es mamifero, tiene muy desarrollado el oído y se enrosca si se siente en peligro. Normalmente no es un animal doméstico pero algunos pueden sobrevivir en cautiverio, es por ello que algunas personas han tenido un erizo de mascota.


Usando este animal como metáfora, Muriel Barbery escribió el libro "La elegancia del erizo", material en el que se basó otra mujer, Mona Achache, para escribir el guión de la película cuyo título original en francés es l’Herisson. 
La história tiene tres personajes principales que interactuan entre ellos y son vecinos de un mismo edificio. La trama nos habla de “ver al otro”, ver a la persona. Un llamado de atención a la importancia de reconocer que tras un peinado, maquillaje, vestido ... hay una persona. La gran novedad de ver a la persona, al otro, es que aquella persona puede ser clave de mi propia felicidad. El otro, cuando lo reconozco, es transforma en amor. Cuando hablamos de mirar al otro, podríamos pensar que el otro sale ganando, que el otro tiene la “suerte” de ser mirado por nosotros quienes le hemos regalado un poco de nuestro afecto. Mirar al otro, en cambio, repercute directamente en el que mira, el que es capaz de “ver” aquello que normalmente no ve. Cuando vemos más allá de la apariencia, de los prejuicios, o de lo que siempre hemos visto, nos encontramos con nuestra propia vulnerabilidad, con nuestros anhelos y deseos frente a quien estemos mirando. Cuando verdaderamente miramos al otro abrimos el corazón y se nos cuela, entra y somos nosotros los que salimos tocados.


Por ello en la Elegancia del erizo, tanto en la película como en el libro, la historia entra en cada uno de los lectores o videntes y nos habla. Lo hacer porque todos necesitamos ser amados tal como los protagonistas de la historia buscan serlo. Y así se inicia el camino del Amor verdadero que nos lleva a la verdadera felicidad.

L'Erissó

L’erissó és un animalet que te punxes, és mamífer, te molt desenvolupat l’oíde i s’enrosca si se sent en perill. Normalment no és un animal doméstic peró alguns poden sobreviure al captiveri, es per aixó que algunes persones han tingut un erissó de mascota.
Usant a aquest animal com a metáfora, Muriel Barbery va escirure el llibre L’elegáncia de l’erissó, material en el que es va bassar, una altra dona, Mona Achache, per a fer el guió de la pel.lícula que en la seva versió original en francés es titula l’Herisson.


La história te tres personatges principals que interactuen entre ells i són veins d’un mateix edifici. La trama ens parla de “veure a l’altre”, veure a la persona. Un crit d’atenció a la importancia de reconéixer que a sota del cabell, de la pintura, el vestit… hi ha una persona. La gran novetat de veure a la persona, a l’altre, es que aquella persona pot ser la clau de la meva propia felicitat. L’altre, quan el reconec, es transforma en amor. Quan parlem de mirar a l’altre, podriem pensar que l’altre surt guanyant, que l’altre te la “sort” de ser mirat per nosaltres, de que li hem regalat una mica del nostre afecte. Mirar a l’altre peró, repercuteix directament en el que mira, el que es capac de “veure” alló que normalment no veu. Quan veiem més enllá de l’aparenca, dels prejudicis, o del que sempre hem vist, ens trovem amb la nostra propia vulnerabilitat, amb els nostres anhels i desitjos en front aquell a qui estem mirant. Quan veritablemen mirem a l’altre obrim el cor i se’ns cola, entra i som nosaltres els que sortim tocats.


Es per aixó que a l’Elegáncia de l’erissó, tant a la película com al llibre, la história entra en cada un dels lectors o vidents i ens parla. Ho fa perque tots necessitem ser estimats tal com els protagonistes de la história buscan ser-ho. I es clar, és així com es comenca el camí de l’Amor veritable que ens porta a la veritable felicitat.

viernes, 22 de abril de 2011

Claraesperanza

Es una actitud de vida. La claraesperanza es la luz que ilumina el camino oscuro, el aliento a seguir. La vida, con claraesperanza, no niega la dificultad, el dolor, es la certeza de lo que viene después.
Tal como cuando preparamos una fiesta, la claraesperanza ordena y da la pauta para preparar la reparación de un daño, la persecución de la sanación.

María, la madre de Jesús, en el sábado santo, tenía la claraesperanza de la resurrección.

¿Tengo dolores?

Con las prisas se nos olvida vivir. ¡Es cierto!! Con el trabajo, las obligaciones, los afanes y tantas otras presiones cotidianas, podemos desconectarnos del centro. Podemos vivir muy informados, o más o menos, de lo que ocurre en el mundo, estar alerta con los problemas y vicisitudes del país y de la comunidad, ser muy activos incluso en ello, pero no necesariamente estar conectados con el centro de la propia vida: ¿en qué estoy?, ¿qué me pesa?, ¿qué me alegra, empuja, motiva?

Un primer paso para tomar conciencia es conectarnos con los propios dolores, el cuerpo sabiamente nos da señales: la cabeza, la espalda en todo su esplendor, el vientre. ¿Qué ocasiona nuestros dolores?

Segundo paso es cómo voy a enfrentar este dolor, cómo trabajaré para enmendar y dar un salto en mi calidad de vida para que ese dolor, miedo, molestia sea un escalón más hacia mi plenitud humana.

Tercer paso junto con cargar y enfrentar mi propio duelo, dónde quiero estar, qué anhelo profundo tengo, qué colores y alas tiene la mariposa que soy yo al salir de la crisálida.

Todos tenemos tareas internas que realizar. Todos tenemos dolores, hay que enfrentarlos, quedarse en ellos nos empobrece, la auténtica forma de vida es brillar fuera de la crisálida.

lunes, 18 de abril de 2011

Somos seres radiantes, pero tenemos que radiar


Cientos de miles de estrellas emiten luz continuamente. Lo hacen porque en su interior se produce combustión nuclear. Las estrellas están formadas por gases que son atraídos por una gravedad y entre ellos colisionan, producen energía y por ende luz. Al ojo natural, no las vemos siempre, solamente de noche y aún en las llamadas noches “estrelladas”. No obstante, las estrellas están brillando siempre, no solamente cuando las vemos. Las noches que llamamos estrelladas son aquellas en que los observadores vemos a las estrellas, pero ellas brillan siempre, las veamos o no. Lo mismo ocurre con cientos de miles de amaneceres y puestas de sol, de prados y valles llenos de flores perfumadas, de sonrisas de niños en su sueño.
Todas las noches son estrelladas y lo son también los días, pero no siempre percibimos a los seres luminosos que tanto nos gustan. Las estrellas brillan porque son. En su ser y para ser, emiten luz, su brillo pasa quizá inadvertido a ellas mismas. Si una estrella estuviera preocupada de brillar quizá dejaría de ocuparse de su combustión.

¿Le afecta en algo a una estrella que la miremos, que podamos percibirla?. A parecer si. Todos estamos relacionados, todos compartimos energía, calor, atención. Nada es en vano. Posiblemente si nunca miro a las estrellas el mundo seguirá funcionando, pero será mucho más brillante, armónico, radiante si las miro. ¡Qué raro!

Al igual que en las noches estrelladas la cualidad de ser estrelladas es que yo las mire, la posibilidad de que el mundo, el universo sea más radiante, armónico, feliz… está directamente relacionado con que me detenga a mirar. Las estrellas no salen a mostrarse, están siempre ahí, pero las hace ser radiantes el que yo las vea.

Y cada uno de nosotros es un ser radiante, siempre estamos radiando, emitiendo vida, generando vida, pero depende de cada uno que la vida nos habite, nos invada. La vida está siempre en nosotros, pero a veces la “dejamos pasar”, no sentimos su calor, su brillo. Para ser radiantes tenemos que mirar hacia el calor que pasa por nosotros, sentirlo, nombrarlo, disfrutarlo. Y, efectivamente, entonces sí! Igual que las estrellas tendremos luz propia.