lunes, 23 de marzo de 2015

Esposos, esperar con aceite en la lámpara

No tenía ninguna actividad más importante que la de estar esperando a su prometido, a quien apenas conocía. Sus padres habían acordado este enlace porque se veía muy conveniente desde el punto de vista de la tradición, la unidad de los pueblos, la continuidad de la familia y el cuido de los campos. Se decidió que cuando él tuviera preparada la vivienda para ambos la iría a buscar y se celebraría el matrimonio, pero no se sabía ni el día ni la hora, así que ella tenía que saber estar preparada.

¡Estar preparada!, es decir: aprender a prepararse. Cosechar las flores para adornar la casa, tener refresco para el viajero, una sombra para el calor, un asiento para el andante, agua y comida para el burrito que lo cargara. Y estar siempre lista para marchar, con lo imprescindible para una vida conyugal, ojalá incluir esencias y aceites. Preparada para cuidar la estirpe, a su esposo y los que lleguen. Preparada para sobrevivir a las inclemencias y alegrarse del buen tiempo. Preparada para acompañar y no ser obstáculo. Debía saber tener su lámpara con aceite, su túnica limpia. Saber coser y tejer, cosechar y sembrar.

Cuando María contó su historia a sus nietas y nietos, nadie de ellos podía comprender que no se enamoraran primero, que vivieran el noviazgo sin verse, sin conversar y preguntarse mutuamente. Encontraron que era cruel prometerlos, y todavía casarlos, sin preguntarles si se gustaban siquiera. Y María, a quien fascinaba explicar esta historia uno por uno, les advertía: “¿imaginan que no hubiera conseguido amar a su abuelo?, ¿pueden creer que existiera uno mejor para mí?, ¿piensan que su abuelo estaría mejor cuidado, habría tenido mejores hijos o nietos?”. Los chicos quedaban atónitos frente a la respuesta de su dulce abuela y respondían: “no, no podemos imaginarlos de otra manera y los amamos a ustedes”.

“Bien”, respondía María, “pues más les vale, porque sin su abuelo y sin mí, ninguno de ustedes existiría”.  

La ternura que se apropiaba de ambos era tal que no parecía posible imaginarlos uno sin el otro, compañeros siempre y en todas. Para los hijos de sus hijas e hijos, los ancianos de hoy eran una unidad sin necesidad de adjetivos. Supieron amarse. Se amaron. Y cuando el tiempo dijera basta, se separarían, pero nunca en verdad sus almas porque en el amor se habían unido para siempre. Si uno partía antes que el otro el amor seguiría.


María, quien supo guardar grandes secretos en su corazón, supo que amar era un arte de todos los días, a veces con inspiración, otras con gran esfuerzo. Nunca le interesó saber si hubiera sido más fácil en otras circunstancias y no tuvo actividad más importante que la de aguardar, acompañar, y crecer en ese amor. Vivieron ella y su esposo en una sociedad primitiva en la que ambos tenían cada uno su rol muy claro, pero el gran trabajo de todos los días fue hacer de ello un pedazo de eternidad. Quienes les conocieron no tienen la menor duda que hicieron un gran trabajo.     

viernes, 7 de noviembre de 2014

domingo, 13 de julio de 2014

Una cosa son las notas, otra es saber

Se llama Juan José y hace treinta y cinco años es docente. Se dedica a la educación, porque siendo estudiante de químico farmacéutico, a veces ayudaba a estudiar a otros compañeros, situación que le permitió descubrir, a partir de la experiencia práctica, que su vocación era ser maestro de escuela. Él dice que descubrió verdaderamente el sentido de su vida. Se tituló de profesor y después de un tiempo tuvo la oportunidad de ejercer cargos de responsabilidad. Actualmente, es rector de un colegio de una periferia en Santiago de Chile. Juan José explica que cuando llegó a la escuela que hoy está a su cargo, hace ya diez años, la encontró físicamente muy deteriorada: “parecía una cárcel”, recuerda, “todo estaba maltratado, las paredes ralladas, puertas rotas y robaban a los docentes, nadie quería trabajar aquí”. Enseguida empezó a embellecer los espacios, pero costó dos años instalar acuerdos explícitos e implícitos sobre reglas de convivencia y respeto. A pesar de todo, la tarea recién empezaba, porque lo más delicado era traspasar la convicción al cuerpo docente de que “todos podemos”, de que “es posible” y, como dice él, que los docentes “crean en las posibilidades de los alumnos”. Dice Juan José: “de manera teórica, un docente sabe que todos los alumnos pueden aprender, pero en la práctica, muchos elementos entran en juego, hay profesores(as) que tienen miedo, no tanto de ser agredidos por los alumnos, sino de fracasar, de hacerlo mal, tienen miedos personales, inseguridades porque no han podido comprender, a través de la práctica docente, que és posible. Cuando no tienes este convencimiento, es muy difícil”, dice.

La experiencia de Juan José es que la práctica educativa funciona para todos, desde el rector hasta el más pequeño de los alumnos y se basa en la confianza: “hay que dedicar tiempo y colocarse metas, mejorar los espacios físicos, hacerlos más acogedores. En esta escuela no se cierran las puertas de las oficinas, se ajusten y si alguien tiene que hablar algo más delicado los demás no entran, todos lo hacemos". Juan José tiene un calendario de acompañamiento a los docentes para escucharlos y animarlos de manera personal y para que vean que todos podemos aprender y evolucionar en la vida, ha contratado a dos docentes que habían sido alumnos de la escuela.

Este ejemplo del convencimiento de un director de escuela, es una muestra del proceso que una persona hace cuando además de experimentar lo que significa “entender” los contenidos, mira de “comprender” a las personas que trebajan con él y las ayuda a que “comprendan” a sus alumnos. “Es una cadena”, dice Juan José, “pero cuando lo has podido experimentar, nunca más lo olvidas, cambia la vida de las personas y descubrimos que todos, todos, tenemos nuestro espacio”.

Publicaciones e investigaciones del mundo educativo animan mucho a que la práctica docente sea a partir de la experiencia y que para aprender, el alumno tiene que entender los contenidos, a partir de ejemplos de la vida cotidiana, más que memorizar, poder contrastar lo que se ve en clase con la vida, ver los mismos contenidos de manera transversal y dedicar más tiempo a aquellos contenidos que son más significativos. ¿Cuáles son los contenidos significativos?, también los estudios dicen que depende de cada persona y que hay que ir conociendo a los alumnos de manera personal. Las experiencias de vida, siempre son útiles para aprender, pero hay que integrarlas: entender los contenidos y comprender las situaciones personales de los alumnos. 

Una cosa són les notes, una altra és saber

Es diu Joan Josep i fa trenta cinc anys és docent. Es dedica a l’educació perque essent estudiant de químic farmacéutic, de vegades ajudava a estudiar altres companys, situació que va permetre’l descobrir a partir de l’experiencia práctica que la seva vocació era ser mestre. Ell diu que va descobrir veritablement el sentit de la seva vida. Va titular-se de professori al cap d’un temps va tenir l’oportunitat d’exercir cárregs de responsabilitat. Actualment, es rector d’un col.legi d’una periferia a Santiago de Xile. Juan Josep explica que quan va arribar a l’escola que te avui al seu cárreg, ara fa deu anys, estaba físicament molt deteriorada: “semblava una presó”, recorda, “tot maltractat, les parets ratllades, portes trencades i robaven als docents, ningú volia treballar aquí”. Desseguida va comencar a embellir els espais, peró va costar dos anys instal.lar acords explícits e implícits sobre regles de convivencia y respecte. Pero la feina tot just comencava, perque el més delicat era traspassar la convicció al cos docent de que “tots podem”, de que “és posible” i, com diu ell, que els docents “creguin en les possibilitats dels alumnes”. Diu Joan Josep: “de manera teórica, un docent sap que tots els alumnes poden aprendre, peró a la práctica, molts elements es posen en joc, hi ha professors(es) que ténen por, no tant de ser agredits, sino de fracasar, de fer-ho malament, ténen pors personals, inseguretats perque no han pogut comprendre, a través de la práctica docent, que és possible. Quan no tens aquest convenciment, és molt difícil”, diu.
L’experiéncia de Joan Josep es que la práctica educativa funciona per a tots, des del rector fins el més petit dels alumnes i es basa en la confianca: “cal invertir temps i posar-se metes, millorar els espais físics, fer-los acollidors. A aquesta escola no es tanquen les portes, s’ajusten i si algún ha de parlar una cosa més delicada els demés no entren, tots ho fem”. En Joan Josep te un calendari d’acompanyament als docents on els escolta i els anima de manera personal i per a que vegin que tots podem aprendre i evolucionar a la vida, ha contractat a dos docents que havien estat alumnes de l’escola.
Aquest exemple del convenciment d’un director d’escola, és mostra del procés d’una persona quan a més d’experimentar el que significa “entendre” els continguts, mira de “comprendre” a les persones que treballen amb ell i els ajuda a que “comprenguin” els seus alumnes. “És una cadena”, diu Joan Josep, “peró quan ho has pogut experiementar, mai més ho oblides, canvia la vida de les persones i ens adonem que tots, tos, tenim el nostre espai”.

Publicacions i investigacions dins el món educatiu animen molt a que la práctica docent sigui a partir de la experiencia i que per aprendre cal entendre els continguts, maneres d’entendre son els exemples de la vida quotidiana, poder contrastar el que es veu a clase amb el que vivim, veure els mateixos continguts de manera transversal i dedicar més temps a aquells que són més significatius. Quins són els continguts més significatius?, també els estudis diuen que depén de cada persona i que cal anar coneixent els alumnes de manera personal. Les experiéncies de vida, sempre són utils per a aprendre, peró cal integrar-les: entendre els continguts i comprendre a aquelles situacions personals dels alumnes. 

lunes, 19 de mayo de 2014

Anys d'abundancia

Si tinguéssim la oportunitat de trovar-nos amb un ésser extraterrestre o amb algú que no hagués tingut contacte amb la quotidianeitat per molt de temps i ens preguntés: quins són els dolors i les alegries del teu temps?, què li respondriem?
-“No sabem fins quan tenim menjar per a tots, aigua per a tots, salut per a tots, energía per a tots…” potser seria part de la nostra resposta, i aquest ésser extraterrestre ens miraría amb cara de no entendre res i ens diría: “però si teniu el sol, els arbres, rius, mars i camp per a treballar, si jo veig abundancia!! Què us passa?”
I de fet, què ens passa?, quines actituts, preguntes necessitem que ens ajudin a enfocar-nos de manera justa?, on podem seure a parlar del que ens passa amb l’abundància, amb el que ens sobra, amb les pors que ens dificulten deixar-nos anar i construir, sommiar altres maneres de viure.
Hi ha una película alemanya de l’any 2004 on tres adults joves emprenen un moiment anònim que realitza intervencions directes cap a persones que ténen fortunes econòmiques i signen com “els edukadors” després de les seves accions. El film fa pensar en varios temes com: fins on estem disposats a canviar algunes petites practiques de l’abundància; un altre es el contrast entre la comoditat i la coherencia;  un altre el sentit de propietat, fins i tot en les relacions. Val la pena buscar aquesta pel.lícula i veure-la, el seu títol original en alemany es: “Die fetten Jahre sind vorbei”.
La película dels “Edukadors” adverteix: “els anys d’abundància están comptats”, i la veritat es que poques coses poden fer més sentit al món que vivim, que una afirmació com aquesta. Un tema que no es només d’aquest temps, però que no s’ha resolt mai de manera complerta ni global, sino personal única e intransferiblement perque es tracta d’opcions, per això es que la demagògia un cop més es molt perillosa.

Finalment es el tema de la felicitat i de la coherencia de vida, un cop més, però amb urgencia i sobretot, tant de bò, en comunitat.   

lunes, 3 de marzo de 2014

Alabar a Dios

Un hombre mayor había quedado viudo, había empezado a sufrir dolor en sus piernas y ya no podía desplazarse grandes distancias sol, aunque era autónomo, había bajado su nivel de actividad. Como dependía de los demás para cuidarse, prefirió pedir a sus hijos residir en una residencia. Así, convivía con otras personas de sus mismas características y ello le daba alegría. Les hablaba y hacía reír y todos salían ganando de la situación. Con frecuencia alababa a Dios, ello le daba mucha energía.

Una mujer joven había quedado sola con sus pequeños hijos, por suerte tenía trabajo y no les faltaba lo básico para vivir, por este motivo daba gracias. Tenía la suerte de tener buen carácter y no envidiaba nada a nadie, sonreía mucho a los niños y se ocupaba de que en su casa hubiera lectura y música, a pesar que su esposo y papá de los niños no estuviera, eran felices. Logró tener serenidad y armonía en la casa. Con frecuencia alababan a Dios y mostraba a sus hijos que la belleza, la verdad y el amor estaban de la mano del creador.

Un home con muchas responsabilidades tenía muy poco tiempo para él y su familia. Siempre exigido por los compromisos de trabajo, a veces tenía que alargar las horas fuera de la casa para cumplirlos. La toma de decisiones laborales no eran fáciles y le producían dolor de cabeza y angustia, no lo resolvía solo, a menudo pedía ayuda a especialistas para mediar y resolver los conflictos. Hacía un tiempo que no tenía muy buen ánimo y se sentía muy cansado, cuando un día, antes de dejar la oficina se sentó y se quedó mirando la ventana. Empezaba a ocultarse el sol, como era un hombre listo, se dio cuenta que empezaba el crepúsculo y decidió acomodarse y contemplarlo, cosa que nunca se permitía por las prisas. Colores preciosos se combinaban ante él sin ningún criterio de forma, ni color y en cambio, resultaban insuperables en belleza. Eran cambiantes e indescriptibles. Sacó un par de fotos que, a pesar de no ser nunca como el original li recordarían la experiencia, i, de repente, sin esperarlo empezó a emocionarse. Las lágrimas le brotaban de los ojos y se sentía feliz. Los problemas de aquel día no parecían importantes, o por lo menos, estaban en otro plano y se dio cuenta que aquello era parte de lo que le faltaba todos los días. Después de remojarse la cara, se fue a su casa a pie, y llegó todavía temprano para estar relajado con la familia. Aquella noche dio gracias, pero también descubrió que si daba gracias, era porque antes había alabado a Dios.

Alabar es parte de la contemplación. La alabanza brota, deviene. Resultado de la sorpresa de una belleza insospechada, de una autenticidad o un amor que nos supera, quedamos atónitos y alabamos, nos arrodillamos, hacemos una reverencia. I esta conexión que nos sobrepasa hace que nos sintamos vivos y se lubriquen las ganas de vivir y ser felices. Alabar a Dios es el misterio inexplicable que da sentido a todo.